21.12.15



Soy Golfista, Colombia





Y llego la Navidad momento de paz, amor y buenos deseos. Reuniones con la familia, amigos y los últimos torneos del año con premios acordes a las fechas, comida, bebida y alguna madera China imitación de alguna marca puntera por la que algunas y algunos son capaces de cualquier cosa.

Hace unos años me invitaron a un torneo de Navidad en un campo puntero de Madrid, España. Durante los 21 días previos entrene metódicamente. La última semana mis drives en el campo de prácticas eran una parábola perfecta que cerraba ligeramente y que recorrían 240/250 yardas. Hierros y juego corto magníficos también. El putt entraba desde cualquier posición y distancia. Así que estaba preparado y convencido que mi juego en el torneo iba a ser muy brillante.

La noche anterior “me acosté con el campo”, repasando mentalmente antes de dormir, hoyo a hoyo, golpe a golpe, quedándome dormido entre sus fairways y greens convencido que bajaría mi hándicap ganando copa, jamón y… un drive de imitación.

La mañana amaneció magnifica, hacia un tiempo inusualmente bueno para mediados de diciembre. A las 9 de la mañana lucia el sol, aunque estaba abrigado pues los 8 ºC lo hacían necesario. Una previsión de 19ºC, sin viento, nos daría una sensación térmica de veintitantos, haría que fuéramos perdiendo capas de ropa a lo largo del recorrido terminándolo en manga corta.

Llegue a la salida, hoyo 4, par 5, calle muy ancha, fuera de límites a la izquierda, bunker largo entre las 160 y las 210 yardas ocupando casi completamente la calle. Mi magnifico golpe de los entrenos recto y largo, evitaba el bunker y el fuera de limites perfectamente, no había motivo de preocupación.

Mi turno, silencio, rutina pre golpe, visualización de objetivo, inicio de swing. Justo cuando iba a golpear… “clink-clink- clink”, silencio roto, swing destruido y bola al principio del bunker. Y oi, “vaya porquería de swing y de salida”

Llegue al bunker, golpee perfectamente y recupere distancia, así como posición situándome a pocas yardas del green en medio de la calle, podía llegar de tres. Silencio, rutina pre golpe, visualización, inicio de swing y justo cuando iba a golpear… el clink-clink-clink. Y mi bola fue a parar 20 metros a la derecha del green en medio del rough. Y ahora oí, “porquería de salida y ahora un pésimo approach. 1 golpe bueno de 3… ¡qué bien juegas!”. Molesto, caliente y pensando lo que había pasado me fui a la bola, approach y 3 putt, total 7. Y otro comentario “enhorabuena, 2 sobre par, ¡y tú que te veías campeón antes de empezar!”

Hoyo tras hoyo los clink continuaron repitiéndose, siempre en la salida, alguna vez en los golpes de transición hacia el hoyo, no solo cuando yo golpeaba también cuando lo hacía alguno de mis compañeros. Los comentarios continuaron y subieron de tono “¡Mal, mal, rematadamente mal!”, “¿Cómo es posible que tengas un hándicap tan bajo con lo mal que juegas?”.

Con ruiditos y comentarios avance por el campo y mi sorprendentemente capacidad de recuperación con el putt y algo de suerte me llevo a la salida del último hoyo con posibilidades de bajar mi hándicap. Cuando el primero de mis compañeros de partido estaba a punto de golpear la bola, “clink-clink- clink”. Sonó muy cerca de mí, tuve la impresión que su origen estaba en el jugador que tendría que salir en tercer lugar. Turno para el segundo y otro “clink-clink- clink”. Turno para el tercero y…silencio.

Llego mi momento, swing y “clink-clink-clink”. Frené sin golpear, me volví y me fui hacia él embistiendo como un toro de lidia. No tuve ni que hablar “no volverá a pasar, no volverá a pasar, perdón” Mi compañero hacía sonar unas monedas para romper nuestra concentración y nuestro juego, ganar ese partido y eliminar posibles rivales al triunfo. ¡De lo que eran capaces algunos para conseguir ese jamón!

Llegamos al último green si la metía bajaba el hándicap e incluso podía ganar. Putt de 2 metros, recto sin ninguna dificultad. “Has tenido mucha suerte con el putt, pero este lo vas a fallar” oí de repente. Golpee corto, mal dirigido y falle. ¡Qué malo eres! oí en mi cabeza. Contra el tramposo había reaccionado sin embargo me había dejado maltratar durante todo el partido por mi peor enemigo, yo mismo. Todos los jugadores tenemos un juego exterior producto de nuestro juego interior.

Este es mi regalo para el 2016, convertir a su mente en su mejor aliado, con técnicas sencillas que podrán leer en esta magnífica revista su rendimiento aumentará exponencialmente. Cuento con ustedes el año próximo, no falten, paso listo. ¡Feliz Navidad y año 2016 lleno de birdies, eagles y albatros!


Mariano Ángel Puerta


Mariano Ángel Puerta

Coach profesional, autor, conferenciante, formador, profesor,consultor, blogger.

Director Comercial de la consultoría PUMA4,

creador del Método Coaching Golf y Juego Interior,

Premio al mejor coach de España 2015 por GSMS