09.03.16



Soy Golfista, Colombia nº 55





¿Hace algunos años recibí la llamada, “Hola Mariano, ¿te vienes a jugar el Domingo con unos amigos míos?” “¡Claro José! “. El domingo me recogió y fuimos juntos al campo, durante el recorrido me fue comentando sobre las personas que iba a conocer “Fernando es amigo mío del trabajo, Carlos es un vecino suyo, no he jugado con ninguno, he ido a tirar bolas un par de días con los dos. El swing de mi compañero es malísimo y se le nota que juega muy mal, el otro tiene buen swing”. A mi aquello me daba igual, disfruto mucho paseando por el campo, conversando de cualquier cosa y claro está, jugando. Me gusta jugar al golf y disfruto muchísimo haciéndolo.

Llego el momento de la salida, efectivamente Fernando no tenía un swing muy ortodoxo, con poca potencia en la salida, quedándose siempre más corto. Sin embargo, siempre estaba centrado en su juego, recuperaba todos esos golpes cortos o malos e hizo un excelente resultado, mucho mejor que el resto de la partida, y por supuesto mejor resultado que el de mi amigo, que dice tener “un magnifico swing clásico”

José durante el juego estuvo quejándose de que no le gustaba jugar con personas que iban de un lado a otro, que le aburría, que los de hándicap diez tienen que jugar con los de diez, que si esto que si lo otro. Fernando charlaba entre golpes conmigo o con Carlos, sonreía y cuando llegaba el momento, jugaba con su swing poco ortodoxo, muy concentrado en el objetivo. Tanto si fallaba como si acertaba, no se inmutaba manteniéndose tranquilo, concentrado y simpático durante todos los hoyos.

Al llegar al hoyo 19, un vino y un poco de charlar tras el juego. José continúo quejándose, lamentándose y excusándose “que vais a pensar de mi con este resultado”, “debería haber utilizado unos zapatos con más agarre”, “el sol era muy molesto y me desconcentraba” y decenas de frases más como esta durante todo el tiempo que estuvimos allí.

En un momento de intimidad con Fernando, quizás por el vino, por mis preguntas o por ambas, me comento que su actitud en el juego y en la vida siempre era la misma. Nunca se desconcentraba de su objetivo, de su presente. Soñaba y buscaba metas que poco a poco iba cumpliendo con trabajo e imaginación. Como él tampoco conducía nos tomamos un segundo vino, “sabes Mariano, tengo un sueño, hacer un resultado por debajo del par del campo, creo que lo puedo conseguir. No tengo un buen swing, no tengo una gran capacidad técnica, pero estoy seguro que poco a poco y centrado en ello, lo conseguiré”

Le volví a felicitar como ya había hecho en el campo, por tener tan claro lo que quería y su manera de enfocarse en conseguirlo y justo en ese momento se cortó la conversación pues mi amigo quería irse, lo que nos hizo recordar que era domingo, se hacía tarde y nos esperaba la familia.

No volví a ver a Fernando fui preguntando de vez en cuando a José por él. Un día me comento que en un campeonato había conseguido el par del campo, su swing seguía siendo el mismo, su capacidad de enfoque en el objetivo, su concentración y simpatía, también. Tras esto aprovecho para quejarse de su juego, de su trabajo de su mujer...es una gran persona, un magnifico profesional y un buenísimo jugador de golf, ¡¡pero está claro que necesita un coach!!!

Que nada le afecte, céntrese en su juego, olvide lo demás y disfrute de un magnifico día de golf. El autor del Principito, Antoine de Saint-Exupéry lo explicaba mucho mejor que yo, “El mundo entero se aparta cuando ve pasar a una persona que sabe a dónde va”.

Mariano Ángel Puerta

Mariano Ángel Puerta

Coach profesional, autor, conferenciante, formador, profesor,consultor, blogger.

Director Comercial de la consultoría PUMA4,

creador del Método Coaching Golf y Juego Interior,

Premio al mejor coach de España 2015 por GSMS